sábado, 24 de octubre de 2015

Relato de Lauren, la nueva cuidadora de Ramba


"Durante este primer mes juntas, Ramba y yo hemos pasado por un montón de ajustes. Ella continúa conociéndome y yo a ella mientras navegamos en esta tierra que es ajena para ambas. Ella no estaba segura al comienzo cual sería mi rol con ella. Ella ve que estoy trabajando diariamente en su atención directa, en el cuidado de sus pies y enseñándole nuevos comportamientos para su atención medica y ya parece haberse dado cuenta que soy su cuidadora.
Algunos de mis momentos favoritos con ella son cuando estamos disfrutando de la luz del sol juntas; ella pastorea relajadamente mientras yo limpio su patio. Rastrillar el heno y recoger caca en un patio de elefante es como bailar mis canciones favoritas. Puede sonar extraño que alguien disfrute tanto esta tarea, pero cuando te has pasado tanto tiempo haciendo una tarea determinada, llega un momento en que tu cuerpo se siente hecho para él y tu alma canta un poco con cada recogida. 

Ha habido un par de hitos en el desarrollo de nuestra relación, pero creo que sobre todo es el día a día de estar en compañía una de la otra que nos acerca cada día más. La primera vez que chequeé su estado durante la noche, ella me saludó con una sonrisa tranquila y un suave ronroneo. Pocas cosas pueden llenar más mi corazón como que un elefante aprecie mi compañía. Me di cuenta de que estábamos aprendiendo a comunicarnos bastante bien cuando un día soleado yo estaba en el granero y Ramba entró, le pregunté si quería agua, ella se negó y parecía estar más interesado en asegurarse de que yo no olvidara poner heno en su jaula del heno. "No te preocupes, no lo olvidaré", le dije, y ella volvió fuera para pastar, aparentemente segura de que sus preocupaciones se habían transmitido.

Otro día estaba terminando de limpiar su granero cuando entró rápidamente con los ojos muy abiertos y sus grandes orejas desplegadas. Por lo general, ella entra en el granero muy lentamente, mirando a través de la cortina de goma antes de entrar. Algo la tenía claramente emocionada o asustada. Le hablé y le di algunas esencias florales calmantes y aceites esenciales, junto con un poco de heno y la dejé en el granero para que se calmara a medida que yo iba fuera a ver qué estaba pasando. Yo no vi nada fuera de lo común, por lo que decidí empezar a limpiar su patio, lo que le permite a ella la opción de tener su espacio limpio y a mí me da la opción de observar en detalle el entorno y ver que podría haber pasado. En repetidas ocasiones ella salió del granero y se acercó a donde yo estaba limpiando, algo que ella no hace cuando está en un estado de calma. Entendí que ella necesitaba quemar esa energía tensa de alguna forma y le ofrecí un paseo. Hicimos dos vueltas alrededor de su patio, ella en el interior del patio y yo por fuera durante unos 45 minutos, después le dejé un poco más de heno, hierba fresca y ramas. Ahora si que ella fue capaz de relajarse y disfrutar de su comida. Más tarde, mientras Ramba y yo estábamos practicando poner sus pies dentro de un balde para ponerlos en remojo como parte de un tratamiento, vi a un perro madre con sus tres cachorros que jugaban en el sector. "Son ellos ¿no?" le pregunte, Ramba calmadamente los miró y luego me ofreció su pie para que continuáramos practicando como diciendo, "sí, pero está bien, ya lo superé."

Ramba también ha podido disfrutar de una frecuente y mayor variedad de ramas frescas. Hay un buen voluntario, Anyelo (Soto), que me lleva semanalmente a recolectar ramas de árboles. Ella con entusiasmo se come las ramas, “son como la miel para ella", me dice Consuelo, la otra cuidadora (part time) de Ramba. Hay muchas personas aquí en Chile que se unen para ayudar a Ramba. Ser parte de este equipo es un honor ".